9.4.16

Ó

Eres mi tacita de confidente.

Salvo por el hecho de que la que está escribiendo tiene su parte mágica y disfruta avanzando hacia el lado mágico y posible del mundo, escribir no tiene nada de particular y no es algo por lo que haya que presumir.

La vida es el único arte donde lo que se crea es al artista.

Los gatos el paseo lo hacen con el pijama puesto o es la impresión que trasmite su manera de andar.

Y cuando pienso en ti (pero y cuándo no) me humedezco. Vivo en una humedad telefónica permanente, a punto de disparar tu nombre sin querer.

La dicha conoce todo/a tristeza.

Cómo entiendo a los presos. Soy una presa, si no tonta, fácil. He sido fácil. Por eso es muy difícil.

No sé a qué atenerme (y) 'perro' (y) 'beso' ya lo he dicho.

Tengo una deuda no muy grande pero lo bastante grande para alguien como yo que viene de las casas que compro cuando estoy sola. Las compro para, algún día, vivir en ellas, habitarlas.

Te mando un gran beso, un mordisco, floralmente.

Aunque no llegue a decir más, más, más, es justo lo que siento. Es que, o lo tomo con calma, o enloquezco. 

Esto dio de sí no hoy.

Sigamos inseguros y sorprendidos para que el tiempo nos siga mucho tiempo más (o poco, según se mire y si las travesuras son -y son- entretenidas) y no nos alcance o tarde mucho, mucho.

Por si no volviéramos a coincidir nunca más, o por si se termina el mundo (podría acabarse el papel y no me sorprendería, o todas las parejas podrían decidir súbitamente que se separan; o si el insomnio gana la batalla), besos, besos orales.

Sigo siendo ojita (roja). Aparte tengo poquito y piquito.

Donde estoy es malo para la salud. Al menos soy consciente de hasta qué punto es malo. Y si me muero habrá alguien -tú- que sepa lo serio que puede ser meterse en líos. Que sepa de mi casa. No sé si saldré de esta, elector.





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