12.3.16

Almo

que conste que, hasta donde sé, te amo, quizá más allá también, y de ahí que no pueda, que no sepa estar sin ti. cuando intento estar sin ti (lo que se traduce en luchar -sin éxito- por no estar pensando en ti) me pueden la soledad y el desaliento. te necesito en cada puerta, en cada escalera mal iluminada, en todas las flores que nacen o que vienen del país más bondadoso que existe (intuyo que no tan lejano).

Me duele el corazón. Mi vida corre serio peligro (temo enloquecer, suicidarme, casarme, comprarme un vestido demasiado caro y demasiado largo: pero la lista es más larga) porque no es propia de mi naturaleza esta tristeza.

Nadie me ha explicado las cosas, pero aun así, resultan bastante obvias ("reales"). Que no me gusten especialmente no es relevante para mí. Pero el daño que me produce no comprender lo obvio sí es capital.

No me concierne (tu vida). Pero que yo esté triste, me concierne.

La la realidad nevase, cuajaría. Que la nieve se derrita después no es motivo de esperanza. [(n)ada sí lo es, pero sin ti, porque contigo todo son ladridos y más ladridos, y ya te lo he dicho, la muerte es casa roja, afrutada.]

Por último lo primero: que te quiera es una cosa (la anterior). Pero no sé si eres consciente de que no te comprendo (ni parece que vaya a poder hacerlo después).

Y no soy intérprete. Lo siento si te he interpretado mal. Que puede ser.

Que escaseo, seguro.

Ah, que se me olvida. No me queda claro si mientes poco o mucho.

¿Y cómo iba a pensar en el futuro? Actualmente bastante tengo ya con sobrevivir. Aunque cuando sobrevivo (y de eso va Viena y vivir) en realidad estoy pensando en el futuro.

No se puede desmentir lo mentido. Existe en los libros. Que al final es lo que cuenta (para la historia). Quién parará la historia.

Nadie. (n)ada.*

**

Pero lo que no existe se queda en los cajones, sin enumerar.

*ella perdería la llave, pero sola(s) no podemos

*

Qué olor de cabeza.

Insisto, no es que existan los cajones. Una casi casa no existe. Puede haber un amanecer sin sol. Pero no una casi cosa.

No te entiendo, amor mío (y más que mío, nuestro). 

¿No es conmovedora y hasta cómica esta conversación? Si no fuera porque me hace llorar, yo también me reiría. Y a veces lo hago, cuando tengo tiempo de pensar menos.

Tango / tengo que ir despidiéndome.

No sé cuándo volveré, ni si volveré. No es que sirva de mucho el dolor de cabeza.

Los pies en cambio... Ay, si tuvieran adónde ir. Sólo tengo que descubrirlo.

Dame ánimos. Por lo menos beso.

Y habla de mí (a) alguna vez. Que alguien sepa que existo.

Sí es importante el número.

A estas alturas.


los pies

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