11.2.16

La Mora

No soporto ni un momento más la palabra 'literatura'. Existen palabras para nombrar lo que, antes, no existía. Más y más palabras cada vez. Cada palabra es un muerto. Si fuera bailarina, y lo soy también, aunque por supuesto no le dedique ya casi ningún tiempo, lamentaría el hecho de que la danza fuera por dentro como la poesía, algo inútil a los ojos, que sirve a los tontos de corazón que nadie ve. (Y que no sirve para bailar.)

No, la danza es un regalo de Dios que no termina de contentar a nadie. Salvo por momentos. Pero estos momentos afean al resto. Porque quien llega a bailar muere más tarde por no poder seguir bailando. Esa es la pequeña tragedia de la vida, que no es infinita (pese a todo lo que suela decirse con los pies). La vida se agota gota a gota, porque vivir cansa y cansa todavía más la vida.

La literatura te lo promete todo, como la vida que (te promete vida si ya has vivido). Por eso la odio un poco, pero he de decir que soy pésima lectora, y pesimista, también. Más pesimista que feminista. Esta noche estoy en guerra con la vida. No la comprendo, no comprendo que no haya nada que comprender, no comprendo por qué soy tan infeliz. Soy más lectora que, por ejemplo, joven. Pero soy, creo, más femenina que cualquiera que se considere a sí mismo joven, lector y madrugador.

Ya hemos vivido, muchas veces. 

Ahora escribo para enamorarte.

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