4.5.15

Madrid y otros recuerdos presentes y futuros

(1)

Recuerdo algunas cosas del año 2010 y en concreto del mes de noviembre. De 2011 recuerdo febrero y algo de octubre y algo de diciembre. Qué catastrófico resultó aquel mes de noviembre. El año anterior también fue importante. Recuerdo el mes de noviembre de 2009, aquel verano, junio de 2009 y la primavera y el invierno. Tengo bastantes recuerdos de 2009. De 2012 recuerdo los seis primeros meses. No recuerdo nada de 2013. De 2014 recuerdo que murió mi abuela, recuerdo el nerviosismo del verano y el profundo y angustioso otoño. De 2015 no recuerdo nada. Recuerdo una cosa de mis años en Madrid, una o varias, a saber, la escuela de teatro (y el 'Samba pa' ti' que sonaba una tarde: era a final de curso, yo estaba en el patio y la música salía por las ventanas abiertas de la clase de cuerpo, donde los estudiantes de último año -yo estaba en primero o en mi primer segundo -repetí curso-- pintaban algo en el suelo, un mural). La brisa de Madrid en junio siempre me pareció maravillosa.

Todo salió mal. Y en estos momentos ya sólo puedo cambiar algunas cosas: algunos hábitos, mi estado de forma, puedo leer más, ir a yoga, escribir. Pero no puedo cambiar lo que soy, en qué me he convertido y en qué me estoy convirtiendo (en alguien que pierde la partida). Yo sólo quería (y quiero) alcanzar la iluminación. En vez de eso debo llorar por las noches y alegrarme por las mañanas, y nunca sé por qué. Todo salió mal. ¿Tuve yo la culpa?

Todo salió bien. O no salió tan mal. ¿Acaso importa?

No perdí nada, porque sigo perdida. Si algo me roba el corazón (para mal) es el amor. El amor es mi debilidad, mi flaqueza de espíritu y lo que más desconozco. No soy buena, soy compasiva y sensible. Soy fuerte en la adversidad pero muy débil el resto del tiempo. Hay personas capaces de tener un trabajo, una casa, un marido, hijos. Yo de momento no. Me parece que acabaría de morirme. Pero sé también que no puedo no tener edad toda la vida (acabaré cediendo o terminaré por volar como en mi sueño). Y en mi sueño todo es verdad, lo que siento y lo que hago se corresponden.

No espero absolutamente nada de Viena. Asocio Viena a las cartas entre Kafka y Milena, donde nunca pasa nada. Pero quizá en secreto consiga Secretos, algo bello de lo que poder sentirme orgullosa y algo que no compartiré. Quiero guardarme Viena para mí y empezar a vivir de nuevo. Quiero empezar de cero a conocer toda cosa que existe o ha existido o va a existir y esa es mi misión y no pensar si gano o pierdo, si estoy triste, alegre, porque yo no importo. Si he elegido algo en la vida ha sido la delicadeza, la lluvia y la melancolía. 

Fin.

No voy a conseguir nada que no tenga ya. Amor, una carrera (filosofía), reconocimiento, libertad, independencia. Todo eso es el mundo. Y yo tengo lo otro. Que es lo que quiero. Y como lo tengo, me es difícil vivir (trabajar para conseguir lo que no entiendo y tampoco necesito). 

Soy culpable. Nula en el amor y no digamos en los trabajos remunerados (en estos, y el amor, lo hago muy bien, pero hay algo malo en mí, como en Garbo, un querer estar sola y a la vez no, un engaño cuidadosamente dispuesto, un no entender, algo incomprensible, un seguir creyendo).
Quiero estar sola (no es cierto).

Quiero volar (ya lo hago).

Quiero amor, quiero alas, quiero una casa y quiero estar sola. Todo eso quiero y además 

(2)

té.

2 comentarios:

Emily dijo...

Me acuerdo de conocernos una tarde extrañamente en Madrid, y de hablar de todas nuestras esperanzas puestas en esa ciudad, y de lo ridículo y bello y abrumador que nos parecía.

Quiero verte antes de que te vayas, bella :*

Elise Plain dijo...

Nos presentó Sara R. Gallardo y creo que fue en la estación de Chamartín. ¿Por que no vienes el día 20 a la lectura de Ana Gorría? (Doctor Fourquet, número 18, justo enfrente de mis sueños -la Sala Mirador y la Escuela de Cristina Rota-). Me encantaría verte.