1.5.15

Contra la sociedad del espectáculo

Cansa abrir un dominical o una revista o encender la televisión y echar de menos en los programas y las entrevistas y los reportajes la presencia de personas sublimes; sublimes porque desempeñan su trabajo de un modo sublime. Por ejemplo una cajera de supermercado puede ser brillante en su trabajo, su trato puede serlo y ser completamente maravillosa en el desempeño de su actividad. Yo doy fe por ejemplo de dos personas geniales en su trabajo, una heladera que hace el mejor helado y una tintorera. Y luego están los científicos, los bomberos, los policías, los médicos... los poetas. Están algunos poetas que se dejan la piel por la poesía, pero las revistas están llenas de actores y escritores que opinan (he de señalar que tal vez no me gustaría estar en su lugar y que me parecería horrendo formar parte -más- del espectáculo y que, lo que es peor, si mis libros llegaran a tener algún tipo de repercusión mediática -lo que de momento no parece ser el caso- me vería en la situación incómoda de verme opinando y promocionando, promocionando y opinando; digo esto porque no quiero que parezca que me estoy quejando por no estar, yo, en el "candelero", más bien es una bendición no estar, aunque esto también tiene sus desventajas importantes). Por otro lado además, yo no quiero estar enganchada a los casos de corrupción, como si de un entretenimiento se tratase, ni a las noticias sobre los famosos de turno que parecen copar las noticias. Me interesa el amor en el trabajo de manera desinteresada, me interesa lo valioso. No es necesario garabatear sobre la belleza. Eso es lo que hacemos cuando hacemos lo que hacemos como lo hacemos en nuestra sociedad del espectáculo: garabatos sobre la belleza. Resaltar lo bello, por otro lado, tampoco es necesario, ni interesante, o todo depende de cómo se haga, con qué fin. Pienso que en la elección del fin ya están contenidos los medios. Parecía que internet iba a dar visibilidad a aquellos que antes no la tenían, pero sólo ha reforzado la sociedad del espectáculo donde todos somos un poco monos por la manera en que tratamos de llamar la atención. Nuevamente, fallan los fines y también los medios.

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