3.11.14

Goyo Jiménez en la UAM, noviembre

I Congreso Universitario Sobre El Monólogo Cómico, mi crónica de las dos primeras actividades

Noviembre siempre me ha parecido el mes de la melancolía, con sus días que se acortan, su frío que siempre nos coge por sorpresa y su ausencia de vacaciones salvo por ese día de los muertos. Organizar un congreso sobre el monólogo cómico en noviembre, es, pues, una excelente ocurrencia, porque el humor es la mejor cura de la melancolía, y que el congreso comience un lunes, el primero, además, del mes de noviembre, es, creo, irresistible. Así que este lunes me presenté en el Salón de Actos de la Facultad de Formación del Profesorado de la UAM donde tenía lugar la inauguración (y el resto de los actos previstos). Allí estaban algunas autoridades académicas de renombre, a saber, Antonio Cascón Dorado, Tomás Albaladejo Mayordomo, Theophile Ambadiang Omengele y Manuel Álvaro Dueñas.

Hablaron del bar de Juanjo (no sé qué bar es ese, pero ya me enteraré, no debe estar lejos) y del libro con el que se obsequiará a los artistas encargados de poner el humor (y sin cobrar un solo céntimo) durante los cuatro días de congreso, libro que por cierto me gustaría leer, “Filopoesía y Letras”, una antología de poemas escritos por profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAM que se presentará el día 13 de este noviembre en el Centro Cultural La Corrala. Dieron brevemente las gracias. Todos ellos parecían nerviosos y entusiasmados, y de esa manera tan alegre quedaron inauguradas las jornadas. 

Se produjo a continuación la primera conferencia, protagonizada por el humorista Goyo Jiménez, que fue presentado por el que fuera ministro de Educación y que es Catedrático de Metafísica, Ángel Gabilondo Pujol quien, con sencillez y brillantez se encargó de dedicar unas palabras al artista (“Goyo Jiménez nació en Melilla”, dijo, después de alabar la risa y de emparejarla con la inteligencia) y terminó desmontando el mito de que las cosas se hacen para que te quieran porque “se hacen las cosas para querer”. Acabó Ángel Gabilondo con la frase: “Ante ustedes, él”.

Él, Goyo Jiménez, llevaba para la ocasión una camiseta verde (el verde, color con muchos significados, pero no me voy a extender) con “West Side Story” escrito en amarillo (otro color lleno de posibilidades): supongo que esto tiene conexión con algunos de sus trabajos más celebres y que hacen referencia a aquello que viene de América (¿o que va?). La barba la tenía más blanca que en la fotografía del programa, y llevaba también pantalones blancos (aquí me voy a atrever a darle un sentido a la elección del color: creo que unos pantalones blancos denotan valentía y honradez, justo las cualidades que deben sobresalir en un actor).

Goyo Jiménez, me enteré este lunes, tiene una vasta formación teatral. Sin duda nos hizo reír y le estamos profundamente agradecidos por ello. Habló de Ortega y Gasset (porque mencionó a El Quijote, por supuesto) y de misa (el hecho teatral tiene mucho de misa) y de Molière (y de qué es un monólogo y un stand-up) y por último habló creo que de Grecia, de la Pantomima, de Pílades y Batilo, mencionó el arte del silencio.

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