15.7.14

El muerto (una cita de Francisco Umbral*)

          A mí me parece que somos dos: el vivo y el muerto. Lo que pasa es que el muerto no hace acto de presencia hasta cierta edad. Aparece un día, con motivo de una enfermedad o de un pésame, y ya se queda para siempre. Creíamos que se había ido, como un amigo enlutado, pero vuelve. Ya sé que no se irá definitivamente. Antes tenía temporadas de muerto. Ahora vive conmigo como realquilado. El muerto que soy, que seré. «Caballero estable», piden los anuncios de pensiones. Bueno, pues el muerto es un caballero estable que se ha quedado a vivir en mis habitaciones interiores. Y escribo mucho por huir de él, pues a lo único que no ha aprendido todavía mi muerto es a escribir. Creo que no aprenderá nunca. Al muerto no le gusta que yo escriba. Al muerto le gusta que vayamos a ver pisos que no vamos a alquilar, que vayamos a casa del médico, pero sin esperanza, que nos pongamos la ropa nauseabunda de hace tres inviernos. Pero al muerto, a mi muerto, no le gusta el cine ni que yo escriba. Cree que me voy a escapar por la escritura, como si la máquina fuese un bólido o una bicicleta. Y la verdad es que yo escribo como si pedalease, huyendo siempre de algo. 
          Uno se va acostumbrando a convivir con su cadáver. Es incómodo pero a todo se hace uno. Piensas que bueno, que peor sería tener una joroba o una enfermedad molesta. Mas resulta que la cosa no para ahí. Cuando ya has presentado el cadáver en sociedad, cuando lo llevas a todas partes, como un familiar incómodo, cuando ya todo el mundo sabe que eres tú y tu muerto, que eres tu mitad muerta y tu mitad viva, resulta que un día descubres, en el retrete o en un taxi, que ya eres sólo muerto, todo muerto, que el muerto te ha suplantado, y sobreviene el horror, porque ya no soy un vivo soportando a un muerto, conviviendo con él, sino un muerto que se acuerda de aquel vivo como de un amigo lejano y alegre, demasiado alegre, que más vale haya desaparecido para siempre. No sé si he llegado a eso. En todo caso, el muerto y yo estamos ahora, quizás, en un momento de relaciones estables, como un matrimonio aburrido, estúpido e irremediable. Cuando se me pierde un pañuelo, cuando no me pongo la camisa que me gusta, cuando cojo un libro que no me interesa, digo: «Esto es cosa del muerto». El muerto va mandando en mi vida y no sabe, el muy estúpido, que acabando conmigo acaba con los dos.

*Mortal y Rosa

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