15.1.14

I want to wear something short


Twiggy (Leslie Hornby) wearing a skirt (not pictured) (Credit: unknown)


Ayer por la tarde pasaba junto a la librería Arrebato, que queda a tres minutos de mi jaula, y le comenté a la persona que me acompañaba (un santo) que había algo que no me gustaba de los libros. Me hice lógicamente la interesante para que esta persona que caminaba junto a mí por las baldosas sucias, en esa hora deliciosa de las tardes oscuras de enero (sobre las 7), no sé por qué tan tranquilas y llenas de sustancia, para que me preguntara, decía, qué era eso que no me gustaba. Le contesté medio improvisando, porque no se sabe nada hasta que no se dice, que no me gustaba que fueran un objeto de consumo. Que no me gustaba y que hasta me agobiaba. No me gusta que los autores, ni los más buenos, tiendan a engañar a los lectores, haciéndoles creer que deben leer sus obras porque estas son importantes o, mucho peor, porque ellos lo son. En verdad hay obras geniales pero ningún autor es tan genial como sus obras. Tampoco me gusta ser yo (o haber sido, un poco) parte de ese "circo" en que quieres ser alguien o al menos quieres publicar y que te lean. Porque de ser así no puedes disponer de verdadera libertad creativa, ya que, inconscientemente o no, estás escribiendo para un público, para tener éxito, para tener visibilidad, e irremediablemente, en consecuencia, vas a ser menos libre. Es terrible tener que vivir de la creación artística (o de otra cosa, vaya), esperar vender tus poemas o novelas o cuadros. Luego está la tontería de querer leer una gran cantidad de libros, cuantos más mejor, para quedar bien, para parecer listo (ser esclavo de las apariencias). Y la velocidad a la que hay que leer para no quedar descolgado. Eso sí, el olvido será igual de rápido. Leer rápido, como comer rápido, para pasar rápidamente a otra cosa. Yo no sé si es una idea romántica, pero el arte no está en venta porque no vale nada, absolutamente nada. Qué misterio. Es una especie de regalo. Lo mismo tus poemas (si son bellos). Son, ciertamente, expresión pura de amor (o de otra cosa impura que no es amor pero que no sé qué es). Si eres tan afortunado como para tener todavía ganas de "crear", si eres un niño, un santo, y creas, muy bien, pero nada más. Soy muy torpe. Esto que trato de decir* estará seguramente estupendamente expuesto en un buen número de ensayos. La cosa es, léeme si quieres. Déjame ser tu amiga del alma por un rato, pero no hay obligación en eso. No hay necesidad de que te guste. Los objetos-libros son valiosos sin querer, como por accidente, a veces. Creo que puede ser más honesto consigo mismo un escritor de best-sellers, que no se engaña a sí mismo ni a nadie, que sabe que escribe para vender y para entretener, que un supuesto escritor serio que lo que hace es literatura pero que no se conoce a sí mismo, no sabe por qué ni para qué hace lo que hace, no sabe quién es, no quiere saberlo. Detesto a aquellos críticos que critican las pasiones de los otros, por cierto. A mí me dan igual las casillas (alto, viejo, juvenil...). Que los demás lean como gusten. Y si les apasiona lo que leen, mejor. No importa si es literatura infantil o para perros.

Hay que inventar la manera en que la gente pueda vivir. La

etiqueta "artista" es imposible y un sin sentido.  El mercado y el arte

no pueden llevarse bien.

Por supuesto, Auden tiene una frase que resume parte de lo aquí dicho (lamento que tan malamente). Dice W. H. Auden: "Los bienes espirituales como las obras de arte sólo alimentan cuando no se consumen". 

Sé que muchos estarán encantadísimos pensando que lo que hacen es muy bueno y que es de justicia que se les lea. Yo ya no lo tengo tan claro. Simplemente, no estoy segura. Pienso que idealmente los libros tendrían de ser como nubes. Esto no es descabellado ya que al fin y al cabo yo, sin ir más lejos, empecé a leer no porque nadie me dijera que tenía que hacerlo, sino porque había nubes en la casa, concretamente Rimbaud, Nabokov, Neruda y un libro titulado "Mi amiga Flicka" y "Nube de Tormenta" (estos fueron los primeros libros que tomé en mi mano y abrí y leí, sin que nadie me lo indicase. Yo era joven, mucho, y por ello aún estaba fresca mi sabiduría).

Recuerdo también (y me disculpo por ponerme nuevamente por ejemplo, pero soy lo que tengo más cerca) que una de las mejores cosas que he hecho a nivel intelectual (llegando prácticamente al vaciado de mi cerebro) fue leerme entero un diccionario (este: New American Roget's College Thesaurus in Dictionary Form). Estaba enferma en mi querido San Francisco y no tenía prisa. Juro que la experiencia me abrió por completo, como a una caja de zapatos sin zapatos. Leer sin prisa y sin esperanza y sin ánimo de acabar lo que estás leyendo debe ser como se debe leer (que conste que no he vuelto a leer de ese modo tan cuerdo y loco).

Hay tantos iluminados como estrellas en el cielo (esto va para una mujer que escribe crítica de poesía en El Cultural). Qué triste, qué pena, si no fuera así.

Habría que publicar sólo si de verdad quieres hacerlo. Y lo mismo comprar y leer y hablar. Y lo mismo con todo.


I'm nobody! Who are you?

I'm nobody! Who are you?
Are you nobody, too?
Then there's a pair of us -- don't tell!
They'd banish -- you know!

How dreary to be somebody!
How public like a frog
To tell one's name the livelong day
To an admiring bog! 

Emily Dickinson

4 comentarios:

Elise Plain dijo...

*Claro, en este mercado hay que comer, calentase, etc, lo sé. Gente hermosa como los que siguen editando poesía tiene que vender. Y los autores hacen posible eso (algunos autores, y ojalá fueran más). Estos editores, y los libreros que venden los libros-objetos, comen y necesitan vender, y ojalá lo hagan, hasta que no haya necesidad. Ellos van a querer hacerte creer que necesitas leer esos libros. No es grave. No es como si los propios autores trataran de hacer lo mismo. Los autores, por cierto, ya doy por hecho que no necesitan comer (en serio, es un milagro como muchos siguen escribiendo o bailando pese a estar en un mercado como este, ya lo vemos, tan poco compasivo y sin compás).

Anónimo dijo...

Qué bueno leer algo de quien tiene tanto que decir! Me hacés pensar, discutir conmigo mismo acerca de todas estas ideas.
Encima, me vienen ganas de escribir... :)

Elise Plain dijo...

¡Vaya! Me alegro muchísimo... Ten un gran día. Un saludo. :)

Paz Cornejo dijo...

Dejas tantas contradicciones en el tablero... Tu artículo da en la clave de muchos aspectos de lo que significa ser artista. Y no deja de ser siempre la paradoja de que el artista es al mismo un hombre con todas sus imperfecciones y necesidades perentorias, como querer comer y esas cosas. Difícil establecer un código. Eso sí, nada de egos, ¡por favor! Un abrazo.