1.2.13

Unas pocas líneas acerca de 'La vida interior de las plantas de interior'


Foto de Indira Dominici


Estimado Pron

tu libro me duele mucho -puede ser la primavera, pero también puede ser tu libro de relatos. 

empecemos por el libro en sí: es un libro muy bonito. pequeño y manejable, tierno y flexible, nuevo, escueto, de hermoso título y olor agradable. eso ya hubiera bastado para habérmelo comprado. confieso, no obstante, que no me decidí a comprarlo hasta el otro día, el día de la presentación de tu libro, cuando vi caer unos pocos copos de nieve de color blanco* por detrás de tu cabeza mientras tú leías aquello de afuera del centro comercial, arriba del metro, en el exterior del exterior del exterior de dondequiera que ella hubiera estado siempre. no sé si fue exactamente así, pero me gusta recordarlo así. ese cuento, lo recuerdo, me entusiasmó. 

había leído ya el cuento de la chica que se hace modelo y que se pierde. todos en tu libro se pierden, se pierden a sí mismos, en sí mismos, como por otro lado nos ha pasado y nos pasa a los lectores, entre los que yo me encuentro (me encuentro perdida). nos perdemos y eso parece ser todo. porque ¿quién de entre nosotros retrocede hasta volver al punto del camino en que extravió el rumbo? me parece que la mayoría no se detiene nunca.

en tu libro, no obstante, hay algunos que se detienen y que se encuentran. como son cuentos, estos se terminan y a partir de ese instante ya no sabemos qué pasa después. tampoco nosotros conocemos nuestros rumbos a partir de ese instante. quizá conozcamos lo que tengamos que hacer, pero nos falte el valor, o la decisión, o simplemente sigamos perdidos.

si Dios fuera un escritor, y lo es, nos dices en el libro, crearía un cerco de palabras para que sus personajes no se dispersaran y se perdieran, y ese cerco de palabras sería el mundo, pero también sería el relato, y, en él, los personajes no se perderían y vivirían, de algún modo, para siempre. vivir para siempre, eso es lo que hacen los que sueñan. vivir para siempre, vivir para siempre es imposible en este mundo. este mundo no nos deja soñar. ¿cuál va a ser nuestro plan de redención (los que aspiramos a la vida eterna)? está en juego el encontrar la manera de poder vivir. vivir para. eso es, vivir para algo más grande que nosotros mismos. 

no deja de ser curioso cómo la vida nos aterra, pero más nos aterra la muerte, o lo que es lo mismo, dejar a medias nuestra misión, que es el amor que se apropia (y se hace cargo) de nosotros y que, con suerte, llegamos a enfocar en ese algo más grande que nosotros. nuestra memoria perece con nosotros y esto es lo triste y no nuestra fuga o nuestro violento volvernos invisibles, volvernos poesía, volvernos (a) casa. 

el amor es sobre todo un acordarse de las cosas. podría elegir el lenguaje, si este fuera acompañado de movimiento. elegir hablar sólo en una lengua bella que se materialice en mi vida, es decir, en movimiento.

no hay mucha esperanza. pero la vida es. y por tanto no hay elección. estas son las lecciones que extraigo de tu libro 'La vida interior de las plantas de interior'.

apasionadamente, viva y reservadamente,

elise

*esto es lo insólito, el color tan blanco que tiene la nieve

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