5.12.12

Albañil

Ahora que me he encariñado de él, el alba añil ha terminado de cambiar el suelo de los dos balcones que tantos problemas de goteras ocasionaba a los inquilinos del tercer piso. Ha acarreado sacos de cemento de veinticinco kilos cada uno escaleras arriba, sin ascensor (como quince sacos), ha trabajado al raso bien temprano durante senda ola de frío y ha sido muy respetuoso, intentando molestarme lo menos posible y tratando de mantener las puertas cerradas para que no entrase el viento helador. Ahora que me he encariñado, el alba añil ha dado por concluida su labor después de haber trabajado tan duro y de haberme llamado todo ese tiempo señorita. Cuando ya se marchaba a comer o a darse una ducha caliente o a reunirse con su esposa (pero creo que esto no: me parece que un hijo lo telefoneó para preguntar sobre algún dinero y que el alba añil le respondió que se lo había mandado el martes a su mamá, por lo que entiendo que su mujer no debe estar cerca), cuando ya se retiraba a descansar, en fin (aunque en realidad sé que se iba a la casa de los vecinos a trabajar también en su terraza, porque cuando vi que se encaminaba hacia allí pensé que se merecía un masaje), no ha podido dejar de admirarse al contemplar la obra terminada (casi, va a volver a pintar no sé qué cosa, este viernes, en pleno puente) ni evitar mencionar que había quedado muy bonito y, más aún, que se veía todo blanquito 

Ahora que me he encariñado de él, ealba añil ha terminado la obra (por fin). La vida tiene que ser bella para que tenga sentido. De los tiempos del colegio, todos nos quedamos con la campana que anunciaba el final de la jornada, con cómo salíamos de allí escopetados, y eso no sé a qué viene exactamente (puede que sí lo sepa). El caso es que, huyendo de las generalizaciones, o más bien a partir de la máxima anteriormente expuesta de que la belleza da sentido a la vida, se me ocurren dos cosas, una, que le tengo cariño al alba añil; otra, que de momento, la única manera que se me ocurre de embellecer el mundo es amándolo.

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