15.11.12

60 años de diferencia

He encontrado una cajita con programas de obras de teatro, ballets y conciertos memorables. Por ejemplo:

-American Ballet Theatre, Metropolitan Opera House Lincoln Center: Giselle. Con Nina Ananiahvili.  (12 de Junio de 2009)

Las bailarinas no tendrían que retirarse. ¡Es demasiado triste! Alicia Alonso bailó hasta que ya no pudo bailar más (y dijo cuando fue preguntada que seguía bailando por dentro). Maya Plisetskaya no ha llegado a colgar las zapatillas, no así Nina Ananiashvili, la mejor bailarina que yo he visto bailar en vivo, precisamente en la temporada de su retirada. 

En Mozartiana, junto a Ángel Corella, me llevé la impresión de mi vida: una intérprete que era la musicalidad encarnada. Así que me las ingenié como pude y conseguí una entrada para ver otra vez a Nina, en Giselle. Giselle debe ser el ballet más hermoso que existe. El segundo acto es una cumbre del romanticismo. Con coreografía de Jean Coralli y Jules Perrot y música de Adolphe Adam, se estrenó por primera vez en París en 1841. La versión que suele representarse, no obstante, es la de Marius Petipa, quien introdujo algunos cambios en la coreografía inicial.

Nunca se me olvidará un detalle de esta actuación: los dos protagonistas sufrieron un pequeño traspiés. El de Nina llegó en los instantes finales de su actuación, cuando ya el teatro tragaba saliva y apenas respiraba y creo que las lágrimas de unos y otros confluían en un secreto río en la tramoya. El susto que nos dio la volvió algo más humana justo en el momento del adiós definitivo como Giselle y como artista. Fue el azar culminando su trance de luz.


Ananiashvili en Giselle

-San Francisco Ballet, Palacio de Festivales de Cantabria: In the night. Con Lucía Lacarra. (27 de agosto de 2001)

Una bailarina de ensueño, Lucía Lacarra (¿la mejor artista nacida en España hacia finales del S.XX?), bailando Chopin, bailando Jerome Robbins. Ese año, después de verla bailar, me escapé en un viaje corto a Zumaia, su localidad de origen, y a San Sebastián, donde tenía muchas ganas de ver el Peine del VientoLo que había encontrado en el ballet fue ligereza y un suicido ininterrumpido de emociones en la tela de los vestidos cuyo aroma llenaba la sala. Lo que encontré en la obra maestra de Chillida fue un ballet de nubes. A Lucía Lacarra, me acuerdo (¿o era a María Giménez?) le gustaba que las bailarinas tuvieran el pelo limpio. No sé si es el olor del champú el que nos alcanza, pero todas las bailarinas tienen el pelo largo y un vestido de vuelo. La atmósfera del teatro es un mar cerrado. El canturreo del mar en el norte propicia un estado de conciencia abierto. Entre bambalinas y brumas es fácil encontrar finales y sueños nuevos.


Peine del Viento

-Théâtre Antoine: Le Dieu du Carnage. Con Isabelle Huppert. (12 de abril de 2008)

Isabelle Huppert es posiblemente mi actriz favorita y una flor del mal de Baudelaire. En el teatro es más evidente su total dominio del oficio de actuar: en ningún momento deja de jugar y podemos presenciar, a diferencia de con otros actores menos dotados (no necesariamente malos pero sí peores) cómo tiene en todo momento un monólogo interior o línea de pensamiento del personaje que la ocupa por completo. Es divertida, brillante, emotiva, está plenamente presente... me hubiera gustado esperarla a la salida para verla un poco más de cerca pero qué duda cabe de que me hubiera matado. Ahora yo estaría felizmente acabada y muerta en París, tumbada, y las flores no serían buenas.



-HB Playwrights Foundation: Lady with a lapdog with jokes and a happy ending. (Septiembre de 2008)

Este es el primer show al que asistí en Nueva York. Desde el principio lo que me llamó la atención fue el amor por el teatro y la absoluta profesionalidad de la gente que conocí en el HB Studio, en cuyo escenario se representó esta adaptación de Aleksey Burago de varios de los cuentos de Chéjov. En ella aparecían, entre el variopinto y talentoso elenco, mi profesora Snezhana Chernova y el que sería un compañero de clase en los meses sucesivos, Tom Schubert, que enseguida reconocí como una estrella (esa cualidad que algunos tienen y otros, los más, simplemente no). Noté, como se nota un cambio de estación, la alegría de la puesta en escena. Como si el teatro se acabara de inventar. Y me dejé acunar.

-Teatro Español: Estrella 1922. Con Estrella Morente. (6 de octubre de 2005)

Antes (en la época de su primer disco, Mi cante y un poema) ni una sola vez conseguía escuchar a Estrella sin llorar, por lo que supuse que no podría llegar a verla sin montar un auténtico espectáculo. Así fue. Este día además la acompañaba Tomatito con la guitarra. Esta mujer carismática me traslada sin que yo pueda hacer nada al sur, un lugar por debajo del corazón, en la tripa donde se perciben las muertes y las resurrecciones. Puede que el sur sea mi verdadera razón de ser, yo que nací en el norte pero necesito el sur como si fuera agua.

Y también...

-Teatro Nuevo Apolo: Lo mejor de Marcel Marceau. Con Marcel Marceau. (Mayo de 2002)

Marcel Marceau es la mejor medicina contra la adversidad, la guerra, la depresión. Qué suerte haber visto a Marcel Marceau. Yo tenía 79 años, él sólo 19. Bip en el mar me hizo reír; El fabricante de máscaras, llorar. En este último y legendario sketch la expresión del mimo no cambia y sin embargo transita un abanico completo de emociones. Sólo decir:  

-Teatro Maravillas: WIT. Con Rosa María Sardá. (23 de febrero de 2006)

Creo que no me gusta ir al teatro. Es frío, incómodo a más no poder, a veces caro y suele estar lleno de gente. La gente va mal vestida al teatro y hace ruido y bosteza siempre y no se acuerda casi nunca de apagar el teléfono. Por fortuna ese día no dejé de ir por estos inconvenientes y encontré lo que sí me gusta de ir al teatro: teatro.

-Teatro Fernando de Rojas: Le cirque invisible. Con Victoria Chaplin y Jean Baptiste Thierrée. (Octubre de 2007)

¡MARAVILLOSO! LO MEJOR: LOS CONEJOS BLANCOS, RELUCTANTES A ABANDONAR EL ESCENARIO AL FINAL DE LA REPRESENTACIÓN, SIN DUDA CONMOVIDOS POR LOS APLAUSOS DEL PÚBLICO.

-Compañía Nacional de Danza, Teatro de la Zarzuela: Solo for two. Con Tamako Akiyama. (Octubre de 2002)

Mats Ek es de lo mejor en danza contemporánea y esta puesta en escena rozó la perfección. La bailarina Tamako Akiyama me enfrió las pestañas.


Tamako Akiyama

-Centro de Nuevos Creadores, Sala Mirador: Carta de La Maga a bebé Rocamadour. (Programa sin fecha)

Esto lo dirigía Sanchis Sinisterra. Tuvo lugar en el teatro de mi escuela. Me gustó muchísimo. Algunas veces me gustaría volver a una de esas tardes en que asistes a una revelación (aquella tarde, en Lavapiés). 

-Teatro Wonderland Mayor: Llegué para irme. Con Gabriel Chamé Buendía. (3 de junio de 2005)

Gabriel Chamé fue mi profesor de clown. El curso de clown es de lo más difícil que he hecho nunca y me sirvió muchísimo para entender y practicar algunas cosas tales como la poesía, el miedo, el ridículo, el abismo. El programa de Llegué para irme seguirá guardado en mi cajita de recuerdos.

PS: Es gratificante dar el salto.


Marcel Marceau


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