11.10.12

Raso y cielo



islandia fotografiada por Elisa Bravo (la foto original es en color)


Lo compré* y saludé al autor y a su chica que venían desde Chile, fue muy bonito: hasta creo que me emborraché un poquito y di a todo el mundo las gracias por existir. Me parece que la poesía es necesaria. Hace falta parar para ver la florecilla, para entender, para sentir la música y la suavidad, la rugosidad, el desenfreno y la parquedad en  esto, para ser persona, animal y cosa con todo. Con la poesía nos paramos. Pero la poesía no vende, no mueve multitudes (ni muchísimo menos, me temo). En la presentación de anoche creo que había dos personas ajenas al lugar (todo lo ajenos que mi pareja y yo podemos ser teniendo en cuenta la cercanía con el Espacio islandia). El resto no había acudido aposta o era de ayer. Y cómo iba a ser de otra forma si poesía es sinónimo de marginalidad. La vida que la poesía evoca (o debería decir invoca) está al margen de esa otra vida repleta de acelerados y sordos. Las presentaciones de los libros de poesía, pues, también son marginales. En la presentación de mi librito (Pan para la princesa, por si todavía no lo saben yo me permito) en LAPIEZA (pero yo no venía desde Chile) hubo cuatro personas ajenas. Así es, de momento, esta fiesta. No nos quejemos. Celebremos que podamos acceder a estos reductos, algunos sin ser conscientes de que, en efecto, se trata de un privilegio, tal vez el único, y bien escaso, de rondar la poesía. A veces estos encuentros nos salvan la vida, como anoche. The poet, Raúl Hernández (Santiago, 1980) resultó ser extraordinario, y su obra, un regalito. No la conocíamos. Azoramiento fortuito (pero la poesía no tiene nada de fortuito y sí de milagroso), poesía trabajada, exacta, de nuevo necesaria y en movimiento, como los bailarines de un ballet libre y conciso. Poeta (palabra no más) que vive para la poesía (that´s a poet) y que entrega su mirada de reborde al mundo. Cada encuentro se compone de mirada y de ausencia, de modo que el encuentro no existe, pero sí su música. Es así como se produce el poema-milagro, que es frío, y es lluvia, y es brecha. Anoche por la mañana no existe. Claro está que preferiríamos que la poesía fuera mayoritaria y que vendiera y hasta poder vivir de (con) ella. Pero lo importante es que nos de-vuelve al lugar del que nunca debimos salir: un lugar sin esperanza, breve, muy breve, sin techo ni resguardo.



*Estética de la lluvia (La Calabaza del Diablo, 2012)

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