12.10.12

Animales (III)


Oso

¿Quién no tuvo alguna vez un oso de peluche? Un día el osito, que está solo, o está triste, desaparece... El oso, al menos el polar, se ha convertido en símbolo visible del cambio climático. Juro que el documental 'Earth' (Alastair Fothergill, Mark Linfield, 2007) me cambió la vida. Ese día me prometí a mí misma que haría lo posible para que mi paso por el mundo fuera respetuoso y que me esforzaría en propalar conciencia entre mis conocidos y amigos. Es imposible no emocionarse hasta el límite con esa película que retrata un año en la vida de osos polares, ballenas y elefantes y otros animales como las aves minúsculas capaces de atravesar a vuelo el Himalaya (no recuerdo el nombre de la especie). Recomiendo siempre esta película que además y sobre todo es un regalo visual. Yo tuve la suerte de verla en el cine (en el Princesa) y no he podido revisarla de nuevo, ni creo que pueda hacerlo en el futuro, tan fuerte es la conmoción que me provocó aquella tarde. 

Abeja

También las abejas representan la desaparición (ellas que siempre simbolizaron la inmortalidad) en este mundo de humanos. Ellas son mi mayor referente artístico, por encima de Patti, Pina, Bob o cualquiera que me salpique. La miel, un milagro. Y la polinización de las flores por las abejas, cuando me compro una blusa de seda, cuando me siento bien, viento, Matisse, flecha. ¿Cuándo? Cada vez. Yves, Saint, Laurent, casa, 

Vaca

Nunca me gustaron, no podía ver lo hermosas que eran, entrever la hondura de su expresión. No son tontas. Tampoco las cabras, las ovejas. O los pollos o cerdos. Un día te fijas en sus ojos y dejas de comértelas. Ojalá no tuvieran que morir aterradas, sufrir la que sin duda será una muerte atroz. 

Saltamontes

El saltamontes es el verano. El verano es Tennessee Williams. Tennessee Williams es la hierba perfumada. Resurrección. Empatía. El sol, el valle, están tocando la flautilla dorada del amanecer. El perfume se va colando por los valles. Mi cuerpo y tu flauta se desangran en un día ligero de verano y hacemos el amor sin ninguna esperanza, lo hacemos para escuchar el sonido de nuestro amor por dentro. Su gran fertilidad, la del saltamontes, lo convierte en atributo de abundancia en la Grecia clásica, donde la nobleza llevaba saltamontes de oro en el pelo. En Asia su canto representa los cánticos de los monjes budistas. En China es emblema de buena suerte. En los prados, los saltamontes me enloquecen. La fiebre de los campos y tu pelo que adoro. Me arrodillo.


Kirchner, Cow (1920)

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