20.10.12

Muertes infinitas

Je t'aime
LB


Hace casi cinco años descubrí a Louise Bourgeois. Descubrí a Louise Bourgeois y a Marie-Madeleine. La primera no necesita presentación. En cuanto a la segunda, es una mujer de ojos azules muy seria, francesa, que prepara unas crêpes  deliciosas, me atrevo a decir que las mejores de París o por lo menos las mejores que he probado, y he probado muchas crêpes. M-M siempre está ocupada en su pequeño negocio, su cocina, sus pequeñas canciones (jazz, sobre todo), sus pensamientos, sus asuntos y cuando tiene un rato le gusta leer. Habla poco pero mira mucho. Las canciones son un poco alegres, como el sol en París, y sus crêpes, distintas de las del resto. A lo mejor es por la música. O por los pensamientos. Está todos los días menos el domingo en su puesto de Beaubourg, junto al Pompidou. Acaso lamente algunas cosas y tenga ya una tristeza que le sea natural, como la lluvia que suele caer sobre París. No he hablado mucho con ella pero a veces pienso en ella (no sólo en sus crêpes). He visto que le envían postales desde América sus hijos invisibles.

En París hay un cierto existencialismo que se palpa. Un pesimismo dulce. Louise Bourgeois, a diferencia de Marie-Madeleine, abandonó el existencialismo, renunció a la patria muerta, abrazó las canciones americanas, sin olvidar la lluvia, por eso algunas palabras siguió escribiéndolas en francés, esa lengua transparente que hablan los adoradores del amor. Y se instaló por completo en ella misma.

Hace casi cinco años también yo empecé a amar distinto, empecé con mi práctica de yoga y en el camino a casa, para coger fuerzas antes de la escalada a mi cuarto (una chambre de bonne en un sexto piso sin ascensor), paré en Marie-Madeleine. Puede que también parase el día que conocí a Louise Bourgeois o a su obra (en este caso no hay diferencia). Y es que Marie-Madeleine, como hemos visto, se quedó en París. 

Aquella exposición en el Pompidou era la más importante realizada en Francia de la obra de Louise Bourgeois, que todavía vivía en Nueva York, todavía trabajaba. Hay una cita suya que me encanta y que trato de recordar siempre que dice: Cuenta tu propia historia y serás interesante. No sucumbas a la verde enfermedad de la envidia. No te dejes engañar por el éxito, la fama y el dinero. No permitas que nada se interponga entre tu obra y tú. Así que estaba conociendo el trabajo de una artista no sólo genial, sino viva. De noventa y tantos años de edad.

Cuando hoy he ido a La Casa Encendida, en Madrid, y este es un poco el motivo de que esté escribiendo esto, estaba viendo la obra de una mujer que ya no existe. 

Louise Bourgeois ya era infinita antes. Ahora además es universal. Conservó una marcada inocencia y una mirada pura, que es lo que le distingue del resto con una fuerza de centrifugadora. LB permanecía en pleno contacto con su esencia, incontaminada, en total comunión con el pozo inagotable de su infancia. 

Me emociona pensar que puedo tener algo en común con ella. Quiero pensar que es mi propia familia. A nadie le sobran familias. A ella también le gustan los árboles y el pelo largo. Hay muchas pollas pequeñas. Toda su vida estuvo esta mujer obsesionada con las tetas y las pollas, cargada hasta arriba de dinamita, de sentido del humor, de tela, qué importante es la tela, los vestidos visten a los vivos y hay que seguir cosiendo para que la rueda de la muerte y de la vida no se detenga.

No sin sorpresa, no encuentro nada especialmente perturbador en la obra de Louise Bourgeois, sólo bondad. La obra de Louise Bourgeois es obra la de una niña grande. Bendita sea la obra de esta santa civil.

Hace cinco años que medito. ¿Qué es la bondad?

La naturaleza. M-M sigue cocinando.

Muerte. Mamá.



4 comentarios:

Almudena Vega dijo...

el número 5 es mi obsesión. nací un día 5. esta entrada es como la tripa, como la tripa que separa pollas de tetas o como la tripa donde el estómago hace su vida.

besos xxx

Elise Plain dijo...

Buen número.

Ps: ¡A cenar!

María Mercromina dijo...

oh

Elise Plain dijo...

:)