26.10.12

La misión de los críticos

¿Cuál es la misión de los críticos? La misión de los críticos podría ser hacer lo que les gusta, escribir, despertar algo en sí mismos (¿tienen cuerpo los críticos?) que despierte al resto de la  humanidad. Recomendar, acompañar, señalar aquí y allá: ver. Eventualmente, la misión de los críticos podría ser dejar el ejercicio de la crítica como quien abandona el ejército y se dedica a cultivar rosas.

Centrémonos por un momento en la crítica literaria. La crítica literaria carece de corazón. Los críticos literarios tienen complejo de cirujanos. A los críticos literarios les sobra mucha cafeína. Yo creo que los críticos literarios tendrían que limitarse a criticar sólo aquello que les gusta. Un sacrilegio, tal vez (y ni yo misma estoy convencida de esto, pero hay razones que apoyarían este punto de vista y esa es mi misión aquí). Empiezo a creer que existe la posibilidad de que la crítica negativa (que carga contra aquello que disgusta al crítico) no tenga sentido. Es cierto, hay mucha bazofia por ahí. Por eso los buenos editores son tan necesarios. Pero hablaba de los críticos. ¿Qué sucede con los malos críticos?

Los críticos también son esas personas que a veces admiramos porque poseen claridad de juicio y conocen la manera de enlazar unas ideas con otras, unas corrientes con otras, a veces los críticos son grandísimos descubridores de tierras ignotas y eso nos gusta. Comprenden la historia y nos muestran con pasión (si son generosos) eso que ellos saben a base de lecturas y de vida (los mejores).

Necesitaríamos un tiempo que no tenemos para ser capaces de apreciar toda creación artística. De momento funcionamos tan solo con una parte del cerebro. Así, unos desarrollan unas ideas, otros se vuelven sentimentales: a algunos parece que les afecta lo mercuriano (razón, ingenio, velocidad) y los hay que se inclinan hacia lo neptuniano (los sueños, la poesía, el cine, la danza). Están los afines a Urano (Duchamp) y/o a lo jupiterino (la gran literatura, la gran lo que sea) por no hablar de los temperamentos plutonianos (poder, intensidad, muerte). No nos puede gustar todo, no hay tiempo, mientras sigamos empeñados en hacerle caso a los relojes. Siempre habrá alguien a quien le llega lo que a otros no. La lista de suicidios es ya interminable (no exagero: estamos todos muy mal). Que las malas críticas no sumen al desaliento de la mayoría. Que toda crítica sea bella y será útil y será buena.

¿No nos aburriremos? Podemos elegir. Lo que pensamos, lo que leemos, sobre qué escribimos. Mientras llevemos relojes nuestra libertad no será total. Lo que sí podemos es usar el margen de libertad de que disponemos en nuestro provecho. Casi nada escapa al gusto. El tiempo, pero eso es algo que no tenemos.

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