10.10.12

La chica al borde del precipicio


Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo

Franz Kafka a Oskar Pollak, 1904.


También yo opino que sólo merece la pena leer libros extraordinarios, libros que te cambien la vida. A veces basta con que algo te emocione para que te cambie. El cambio puede limitarse a un ligero temblor en las pestañas, algo delicado, sublime, así es el entendimiento. Esto fue lo que me ocurrió con el libro de Berta García Faet, Fresa y herida.

Fresa y herida, el libro de Berta García Faet, es extraordinario, como ella. La voz de esta muchacha es única. Eso no es fácil. Yo no nací para elaborar reseñas y por tanto no me extenderé con nimiedades. La poesía, bendita sea, no está hecha para quedarse dormido, sino para ser leída (para despertar) del tirón a altas horas de la noche, para fascinar y para extrañar. No puede ser contada, tiene que ser mordida. Tiene que ser una caricia suministrada sin guante alguno.

Gracias Berta por casarte conmigo anoche. Nunca lo olvidaré, el frágil límite de tu cuerpo ni las voces de las que como tú reinventan la soledad de la palabra.

Y llegas a tu casa y Camus te dice
"travail inutile et sans espoir"
(eso respecto al mito de Sísifo:
tú cambia la roca gigante por unos labios pequeños,
y ahí está la clave).

Berta García Faet, Poética (fragmento)

García Faet, como Antígona, pregúntenle a Sófocles, es la mujer que renueva los votos de lo femenino. Las leyes naturales, las leyes del amor. Por eso siempre he encontrado más orgánica, menos postural, la poesía escrita por mujeres, a diferencia de la de los colegas varones.

Qué excitante que las poetas que más disfruto leyendo sean todas, ahora mismo, ardillas que viven y ríen. Ana Gorría, Natalia Litvinova, Berta. Larga vida. Gracias por vuestros puñados de arroz. Sinceramente, la novia que os desviste cada noche.

2 comentarios:

Dara Scully dijo...

Yo lo tengo en casa, esperándome, aún sin desvestir.

Elise Plain dijo...

La noche se presenta toda vestida, lista para el disfrute. Ya me cantarás, gorrión.