16.10.12

El día que vi a Pina Bausch


Nevaba. En Manhattan llovía y en Brooklyn nevaba. Tenía una entrada para una localidad modesta, iba justa de tiempo y en el baño había cola así que pasé al servicio de minusválidos -milagrosamente vacío-. Cuando al fin llegué al patio de butacas me estaban esperando con un sobrecillo con mi nombre -había comprado la entrada por internet- y, para mi sorpresa y júbilo, con una localidad mucho mejor: fila cuatro y centrada. Estas cosas pasan, pero no sé por qué pasan. El caso es que pasan. Se me olvida decir que me parece que vi, entre un selecto público con pinta de alemanes, a Cate Blanchett. 

Bamboo Blues (Tanztheater Wuppertal Pina Bausch, 2007) es, con permiso de El fabricante de máscaras, de Marcel Marceau (en otra ocasión tal vez hable de esa histórica tarde en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid) la cosa más bonita que he visto. Más de dos horas de dicha absoluta, y al final, cuando ya todos los intérpretes saludaban al rendido público, entre el que me contaba yo, y una bailarina todavía danzaba con su pelo suelto sobre el escenario, salió Pina. 

Salió vestida de negro, con sentida modestia, y juro que su aura era de genialidad absoluta, fina y a la vez tan fuerte, como una garra, y me recordó a Patti Smith, en la sencillez y un poco en la oscuridad de lo que me pareció su alma.

Inmaterial, Pina. Nos dejó al poco de esa noche nevada, para mi sorpresa y la de todo el mundo, al morir cinco días después de ser diagnosticada con un cáncer, en el verano de 2009, a la edad de 68 años.  

Entre luciérnagas no hay palabras, sólo hay luz. La princesa Lherimia, Pina, en el filme de Fellini E la nave va (1983), no habla, siente con intensidad. Creo que ella era así realmente. Hablaba si de verdad tenía que hacerlo, vivía en un mundo mágico, el suyo propio, y perfecto porque la danza era en sí el mundo. Sus bailarines vivieron y bailaron hasta el final de su último aliento su visión, la visión de Pina, como en Bamboo Blues, en el que es uno de los acontecimientos más brillantes, misteriosos y bellos de la historia del arte.


Pina Bausch. Photograph: Donata Wenders, 2004

Con las palabras se puede ocultar todo.
Marcel Marceau

2 comentarios:

Dara Scully dijo...

Las cosas que cuentas son todas tan hermosas, Elise... Me gustaría vivir en tu mundo.


(sonrisa)

Elise Plain dijo...

Te presto mis zapatos el tiempo que necesites.


(sonrisa)