5.10.12

Dedicatorias


No tengo una gran imaginación. Tampoco mucha memoria. 

Escribo de lo poco que me acuerdo. Si alguna vez algo que escribí 

fue mío, no sigue siéndolo una vez escrito. Que lo que escribo se 

reescriba en el pecho del que lee. Por eso no me gustan las 

dedicatorias (pero si me lo piden las escribo -honrada de que 

alguien esté a punto de atravesar el umbral -formulado por mí- 

entre lo que se ve y lo que no se ve) porque idealmente un libro 

tendría siempre que ser anónimo. Anónimo en la manera en que fue 

concebido y anónimo también en la forma de ser recibido. Los 

libros tendrían que ser anónimos como los árboles. NO, esto no es 

una apología de los anónimos (en la red o en la prensa). Pero sí de 

un cierto silencio. De una cierta ausencia.


Sin documentos
dos viajeros
tú y yo
por las páginas 
de un libro sin fronteras

1 comentario:

Amanecer Nocturno dijo...

Hágamos más anónimo aún el anonimato