29.10.12

Un poème de Michel Houellebecq


Si calme, dans son coma,
Elle avait accepté une certaine prise de risque 

(Comme on soutient parfois le soleil, et son disque, 
Avant que la douleur devienne trop cruelle), 
Supposant que chacun était semblable à elle,
Mais naturellement ce n'était pas le cas.


Elle aurait pu mener une vie douce et pleine 
Parmi les animaux et les petits enfants
Mais elle avait choisi la société humaine,
Et elle était si belle à l'âge de dix-neuf ans.


Ses cheveux blonds sur l'oreiller 
Formaient une auréole étrange, 
Comme un intermédiaire de l'ange 
Et du noyé.

Si calme, définitivement belle,
Elle soulevait à peine les draps
En respirant ; mais rêvait-elle?
Elle semblait heureuse, en tout cas. 


Michel Houellebecq, Poésies

27.10.12


cuánto conocimiento de golpe 







han venido las cerezas







hay música en los bolsillos de la muerte

y el silencio toma la forma de una bota

y el trigo es tu pelo

y el manzano es tu pelo

y el norte es tu pelo

y mi soledad también es tu pelo




las botas pisan el último rastro de noche

bailando un último tema rock

es una cuestión sólo de botas

bailar el último tema



te amo te

princesa entre escombros del campo y flores de ciudad qué memoria rosa qué sonrisa tan 

blanca  cómo me arrullo cómo me arrugo cómo
                                                 me 
                      engrío 

con lo que llena tu risa


oh cuánta espuma

te vi, te vi, te vi, vi  tus ojos cargados de pañuelos, mañaneros, y sin embargo era de 
noche 


majestuosa, esa es la palabra, majestad


te vi levantarte como una princesa, como ana


te vi siempre bien




y ver las estrellas en el campo
y ponerse el sol 
sobre los cerros cerrados del atardecer

arrullada en tu costado nomás con la eternidad un poquito más lejos de lo habitual

y más cerca la vida mortal, el puñal del amor bien clavado 




al fondo el musgo del alma


André de Dienes





e l i s e, calle fuencarral

26.10.12

La misión de los críticos

¿Cuál es la misión de los críticos? La misión de los críticos podría ser hacer lo que les gusta, escribir, despertar algo en sí mismos (¿tienen cuerpo los críticos?) que despierte al resto de la  humanidad. Recomendar, acompañar, señalar aquí y allá: ver. Eventualmente, la misión de los críticos podría ser dejar el ejercicio de la crítica como quien abandona el ejército y se dedica a cultivar rosas.

Centrémonos por un momento en la crítica literaria. La crítica literaria carece de corazón. Los críticos literarios tienen complejo de cirujanos. A los críticos literarios les sobra mucha cafeína. Yo creo que los críticos literarios tendrían que limitarse a criticar sólo aquello que les gusta. Un sacrilegio, tal vez (y ni yo misma estoy convencida de esto, pero hay razones que apoyarían este punto de vista y esa es mi misión aquí). Empiezo a creer que existe la posibilidad de que la crítica negativa (que carga contra aquello que disgusta al crítico) no tenga sentido. Es cierto, hay mucha bazofia por ahí. Por eso los buenos editores son tan necesarios. Pero hablaba de los críticos. ¿Qué sucede con los malos críticos?

Los críticos también son esas personas que a veces admiramos porque poseen claridad de juicio y conocen la manera de enlazar unas ideas con otras, unas corrientes con otras, a veces los críticos son grandísimos descubridores de tierras ignotas y eso nos gusta. Comprenden la historia y nos muestran con pasión (si son generosos) eso que ellos saben a base de lecturas y de vida (los mejores).

Necesitaríamos un tiempo que no tenemos para ser capaces de apreciar toda creación artística. De momento funcionamos tan solo con una parte del cerebro. Así, unos desarrollan unas ideas, otros se vuelven sentimentales: a algunos parece que les afecta lo mercuriano (razón, ingenio, velocidad) y los hay que se inclinan hacia lo neptuniano (los sueños, la poesía, el cine, la danza). Están los afines a Urano (Duchamp) y/o a lo jupiterino (la gran literatura, la gran lo que sea) por no hablar de los temperamentos plutonianos (poder, intensidad, muerte). No nos puede gustar todo, no hay tiempo, mientras sigamos empeñados en hacerle caso a los relojes. Siempre habrá alguien a quien le llega lo que a otros no. La lista de suicidios es ya interminable (no exagero: estamos todos muy mal). Que las malas críticas no sumen al desaliento de la mayoría. Que toda crítica sea bella y será útil y será buena.

¿No nos aburriremos? Podemos elegir. Lo que pensamos, lo que leemos, sobre qué escribimos. Mientras llevemos relojes nuestra libertad no será total. Lo que sí podemos es usar el margen de libertad de que disponemos en nuestro provecho. Casi nada escapa al gusto. El tiempo, pero eso es algo que no tenemos.

21.10.12

come una piccola luce delle lucciole


quiero ser una luciérnaga 
y ver ponerse el sol 
en las paredes de una piedra
sensual caricia nocturna 
y amarilla
de la amante sin prisa
suave como una amapola 
silvestre 
y ciega


(C) Emac Baquiack

20.10.12

Muertes infinitas

Je t'aime
LB


Hace casi cinco años descubrí a Louise Bourgeois. Descubrí a Louise Bourgeois y a Marie-Madeleine. La primera no necesita presentación. En cuanto a la segunda, es una mujer de ojos azules muy seria, francesa, que prepara unas crêpes  deliciosas, me atrevo a decir que las mejores de París o por lo menos las mejores que he probado, y he probado muchas crêpes. M-M siempre está ocupada en su pequeño negocio, su cocina, sus pequeñas canciones (jazz, sobre todo), sus pensamientos, sus asuntos y cuando tiene un rato le gusta leer. Habla poco pero mira mucho. Las canciones son un poco alegres, como el sol en París, y sus crêpes, distintas de las del resto. A lo mejor es por la música. O por los pensamientos. Está todos los días menos el domingo en su puesto de Beaubourg, junto al Pompidou. Acaso lamente algunas cosas y tenga ya una tristeza que le sea natural, como la lluvia que suele caer sobre París. No he hablado mucho con ella pero a veces pienso en ella (no sólo en sus crêpes). He visto que le envían postales desde América sus hijos invisibles.

En París hay un cierto existencialismo que se palpa. Un pesimismo dulce. Louise Bourgeois, a diferencia de Marie-Madeleine, abandonó el existencialismo, renunció a la patria muerta, abrazó las canciones americanas, sin olvidar la lluvia, por eso algunas palabras siguió escribiéndolas en francés, esa lengua transparente que hablan los adoradores del amor. Y se instaló por completo en ella misma.

Hace casi cinco años también yo empecé a amar distinto, empecé con mi práctica de yoga y en el camino a casa, para coger fuerzas antes de la escalada a mi cuarto (una chambre de bonne en un sexto piso sin ascensor), paré en Marie-Madeleine. Puede que también parase el día que conocí a Louise Bourgeois o a su obra (en este caso no hay diferencia). Y es que Marie-Madeleine, como hemos visto, se quedó en París. 

Aquella exposición en el Pompidou era la más importante realizada en Francia de la obra de Louise Bourgeois, que todavía vivía en Nueva York, todavía trabajaba. Hay una cita suya que me encanta y que trato de recordar siempre que dice: Cuenta tu propia historia y serás interesante. No sucumbas a la verde enfermedad de la envidia. No te dejes engañar por el éxito, la fama y el dinero. No permitas que nada se interponga entre tu obra y tú. Así que estaba conociendo el trabajo de una artista no sólo genial, sino viva. De noventa y tantos años de edad.

Cuando hoy he ido a La Casa Encendida, en Madrid, y este es un poco el motivo de que esté escribiendo esto, estaba viendo la obra de una mujer que ya no existe. 

Louise Bourgeois ya era infinita antes. Ahora además es universal. Conservó una marcada inocencia y una mirada pura, que es lo que le distingue del resto con una fuerza de centrifugadora. LB permanecía en pleno contacto con su esencia, incontaminada, en total comunión con el pozo inagotable de su infancia. 

Me emociona pensar que puedo tener algo en común con ella. Quiero pensar que es mi propia familia. A nadie le sobran familias. A ella también le gustan los árboles y el pelo largo. Hay muchas pollas pequeñas. Toda su vida estuvo esta mujer obsesionada con las tetas y las pollas, cargada hasta arriba de dinamita, de sentido del humor, de tela, qué importante es la tela, los vestidos visten a los vivos y hay que seguir cosiendo para que la rueda de la muerte y de la vida no se detenga.

No sin sorpresa, no encuentro nada especialmente perturbador en la obra de Louise Bourgeois, sólo bondad. La obra de Louise Bourgeois es obra la de una niña grande. Bendita sea la obra de esta santa civil.

Hace cinco años que medito. ¿Qué es la bondad?

La naturaleza. M-M sigue cocinando.

Muerte. Mamá.



Frannie



          los calcetines tenían agujeros.
mis ojos en el espejo de mano tienen forma de almendra
tenían los calcetines algo hermoso y la delicadeza que no puedes nombrar
y no quieres 
      perder.
al amanecer tengo los tobillos fríos
 azules azul de algún mar
de algún día azul
y negros
las pestañas los bosques
calcinados
      y la delicadeza que no puedes nombrar
y no quieres 
       perder


17.10.12

A America*


Red, white, blue's in the skies,
Summer's in the air and baby,
Heaven's in your eyes.

Lana del Rey (Born to die, 2012)


Lana del Rey did it again. She wrote the perfect pop song. As all her work, Ride is about legendary America, the one that resists change, although change is not an option (but legends don't change). In her new song Lana del Rey makes us dream a little bit harder -still-. She haunts us with her dramatic powers and her impossible beauty made in America. Why impossible? Because war is over, kids. Get over it. No more pretty housewives for the childlike and brave soldiers. No more blood, please. Wait, maybe the future is not coming too soon yet. I wonder for how long this forever young thing will prevail. Don't get me wrong. I love America. Young America. Smiley peers, talent everywhere, crazy -healthy!- individualism and freedom. I miss living there. I wanted to live there since I was a kid and my American relatives, who lived and still live in Los Angeles, brought us gifts: perfume, clothes, chewing gum and, once, a mini-rocket decorated with the colors of the national flag. All those presents had a peculiar smell that spoke of a foreign, far away land. I didn't forget that smell and as soon as it was possible I moved to California, first, and to New York, later, where I was finally able to confirm that the USA really smelled different, sweet and spicy. And to discover that the towels were softer, the buildings were huge, and so the cars, and pretty much everything. People were also different from the people I knew. I drank green tea latte and smoothie and ate oatmeal and ginger cookies. My lifestyle had nothing to do with my previous European lifestyle. If I had to use one word to describe that American way of life I'd choose the word easy

This was not always good. For instance, Americans cashiers had the habit to put two plastic bags, a bag over another, for your purchase at the supermarket, no matter how small the purchase. This always struck me. But no one else were surprised. Most people were not at all concerned about the problems on planet Earth, they seemed to live in their own petit monde, white, red and blue, the colors of the American Dream. (They happen to be the colors of the République Française, too. Liberté, Égalité, Fraternité, anyone?)

This is slowly changing. I relocated to Europe but was able to visit the States months ago. The last time I went to New York and San Francisco, only one bag was offered to me, and that was the norm everywhere I looked. I think that many things have shifted, because the feeling on the air was not the same. What I experienced on my first travels was a dreamlike atmosphere, like being in an eventual happy picture by David Lynch, a very luminous one (as the sun just before setting). You could see that on the long avenues, movie theaters, bus, conversations; while the last time something more sober, still exuberant, was settling. I believe that I have known a world that's now disappearing, and you don't need to have lived in NYC to acknowledge that fact. Futile consumerism can't persist. Much of the actual foundation must fade to leave way to new certainties. It can't be ignored. We need to find hope in ourselves, not in things.

If only the American Dream would turn into a Universal Dream. Then every color would be included. Until then, I will regret the way many Americans say, and think, that they live in the world's best country. I never believed in countries. 

Would I be right? I miss America. I love America. Not the America of the passports (that's the US) but of the plains and downtown trains, in Market Street and Russian Hill, and of the bridges, yes, and of the people I adore that still live or have moved out, like Net, who is back to Indonesia. The spiritual home. Bob Dylan's land. Marilyn's, in a better world.

I relocated to Europe. A part of me is American. A part of me is a wild lost star. I only like Lana del Rey's sad songs. No, dreams don't die, but what about illusions.


Lana del Rey (from Born To Die: The Paradise Edition, 2012)

*America as a country, not a continent, is a poetic license.

16.10.12

El día que vi a Pina Bausch


Nevaba. En Manhattan llovía y en Brooklyn nevaba. Tenía una entrada para una localidad modesta, iba justa de tiempo y en el baño había cola así que pasé al servicio de minusválidos -milagrosamente vacío-. Cuando al fin llegué al patio de butacas me estaban esperando con un sobrecillo con mi nombre -había comprado la entrada por internet- y, para mi sorpresa y júbilo, con una localidad mucho mejor: fila cuatro y centrada. Estas cosas pasan, pero no sé por qué pasan. El caso es que pasan. Se me olvida decir que me parece que vi, entre un selecto público con pinta de alemanes, a Cate Blanchett. 

Bamboo Blues (Tanztheater Wuppertal Pina Bausch, 2007) es, con permiso de El fabricante de máscaras, de Marcel Marceau (en otra ocasión tal vez hable de esa histórica tarde en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid) la cosa más bonita que he visto. Más de dos horas de dicha absoluta, y al final, cuando ya todos los intérpretes saludaban al rendido público, entre el que me contaba yo, y una bailarina todavía danzaba con su pelo suelto sobre el escenario, salió Pina. 

Salió vestida de negro, con sentida modestia, y juro que su aura era de genialidad absoluta, fina y a la vez tan fuerte, como una garra, y me recordó a Patti Smith, en la sencillez y un poco en la oscuridad de lo que me pareció su alma.

Inmaterial, Pina. Nos dejó al poco de esa noche nevada, para mi sorpresa y la de todo el mundo, al morir cinco días después de ser diagnosticada con un cáncer, en el verano de 2009, a la edad de 68 años.  

Entre luciérnagas no hay palabras, sólo hay luz. La princesa Lherimia, Pina, en el filme de Fellini E la nave va (1983), no habla, siente con intensidad. Creo que ella era así realmente. Hablaba si de verdad tenía que hacerlo, vivía en un mundo mágico, el suyo propio, y perfecto porque la danza era en sí el mundo. Sus bailarines vivieron y bailaron hasta el final de su último aliento su visión, la visión de Pina, como en Bamboo Blues, en el que es uno de los acontecimientos más brillantes, misteriosos y bellos de la historia del arte.


Pina Bausch. Photograph: Donata Wenders, 2004

Con las palabras se puede ocultar todo.
Marcel Marceau

14.10.12

Extra, extra!

Si logras besarme
en pleno vuelo
me poso sobre el mantel
y hacemos el amor
bajo la servilleta.

Firmado El colibrí





(más colibríes aquí y aquí)

12.10.12

Prendas hermosas

La prenda más hermosa de todas es el abrigo. Siempre he considerado que el abrigo es la pieza clave en un armario, junto a los otros tres básicos: los zapatos, el bolso y la maleta (porque de qué sirve si no tener ropa bonita y cara si no la puedes transportar con elegancia). Si tienes un buen abrigo, unos buenos zapatos, una serie de bolsos para combinar (o uno que combine con todo) y una maleta en condiciones, no importa ir siempre en jeans y camiseta. Juro que es así. 

Un abrigo bonito y que abrigue anima mucho. Por no hablar de la de veces que me he enamorado del abrigo de alguien o que he sentido afinidad entre los abrigos. Me gusta mucho la ropa masculina, efectivamente hay algo muy masculino en ella que a mí al menos me enamora. Por eso siempre he alabado los abrigos grandes y pesados que parece que tienen vida propia y hablan por las noches. Prueba a ponerte un abrigo de esos con algo muy ligero debajo y sal a la calle sin rumbo fijo.

Aún estoy lejos de tener un armario completo (quiere decirse que aún estoy a medias en todo) pero no desespero y me sigo emocionando, veloz sin destino*, me emociono y me emociono. El movimiento es lento y agradezco el viaje, que siempre es barato y un barrizal, porque amo este viento de mil lugares, y de uno sólo.



*Gamoneda

Animales (III)


Oso

¿Quién no tuvo alguna vez un oso de peluche? Un día el osito, que está solo, o está triste, desaparece... El oso, al menos el polar, se ha convertido en símbolo visible del cambio climático. Juro que el documental 'Earth' (Alastair Fothergill, Mark Linfield, 2007) me cambió la vida. Ese día me prometí a mí misma que haría lo posible para que mi paso por el mundo fuera respetuoso y que me esforzaría en propalar conciencia entre mis conocidos y amigos. Es imposible no emocionarse hasta el límite con esa película que retrata un año en la vida de osos polares, ballenas y elefantes y otros animales como las aves minúsculas capaces de atravesar a vuelo el Himalaya (no recuerdo el nombre de la especie). Recomiendo siempre esta película que además y sobre todo es un regalo visual. Yo tuve la suerte de verla en el cine (en el Princesa) y no he podido revisarla de nuevo, ni creo que pueda hacerlo en el futuro, tan fuerte es la conmoción que me provocó aquella tarde. 

Abeja

También las abejas representan la desaparición (ellas que siempre simbolizaron la inmortalidad) en este mundo de humanos. Ellas son mi mayor referente artístico, por encima de Patti, Pina, Bob o cualquiera que me salpique. La miel, un milagro. Y la polinización de las flores por las abejas, cuando me compro una blusa de seda, cuando me siento bien, viento, Matisse, flecha. ¿Cuándo? Cada vez. Yves, Saint, Laurent, casa, 

Vaca

Nunca me gustaron, no podía ver lo hermosas que eran, entrever la hondura de su expresión. No son tontas. Tampoco las cabras, las ovejas. O los pollos o cerdos. Un día te fijas en sus ojos y dejas de comértelas. Ojalá no tuvieran que morir aterradas, sufrir la que sin duda será una muerte atroz. 

Saltamontes

El saltamontes es el verano. El verano es Tennessee Williams. Tennessee Williams es la hierba perfumada. Resurrección. Empatía. El sol, el valle, están tocando la flautilla dorada del amanecer. El perfume se va colando por los valles. Mi cuerpo y tu flauta se desangran en un día ligero de verano y hacemos el amor sin ninguna esperanza, lo hacemos para escuchar el sonido de nuestro amor por dentro. Su gran fertilidad, la del saltamontes, lo convierte en atributo de abundancia en la Grecia clásica, donde la nobleza llevaba saltamontes de oro en el pelo. En Asia su canto representa los cánticos de los monjes budistas. En China es emblema de buena suerte. En los prados, los saltamontes me enloquecen. La fiebre de los campos y tu pelo que adoro. Me arrodillo.


Kirchner, Cow (1920)

11.10.12

Raso y cielo



islandia fotografiada por Elisa Bravo (la foto original es en color)


Lo compré* y saludé al autor y a su chica que venían desde Chile, fue muy bonito: hasta creo que me emborraché un poquito y di a todo el mundo las gracias por existir. Me parece que la poesía es necesaria. Hace falta parar para ver la florecilla, para entender, para sentir la música y la suavidad, la rugosidad, el desenfreno y la parquedad en  esto, para ser persona, animal y cosa con todo. Con la poesía nos paramos. Pero la poesía no vende, no mueve multitudes (ni muchísimo menos, me temo). En la presentación de anoche creo que había dos personas ajenas al lugar (todo lo ajenos que mi pareja y yo podemos ser teniendo en cuenta la cercanía con el Espacio islandia). El resto no había acudido aposta o era de ayer. Y cómo iba a ser de otra forma si poesía es sinónimo de marginalidad. La vida que la poesía evoca (o debería decir invoca) está al margen de esa otra vida repleta de acelerados y sordos. Las presentaciones de los libros de poesía, pues, también son marginales. En la presentación de mi librito (Pan para la princesa, por si todavía no lo saben yo me permito) en LAPIEZA (pero yo no venía desde Chile) hubo cuatro personas ajenas. Así es, de momento, esta fiesta. No nos quejemos. Celebremos que podamos acceder a estos reductos, algunos sin ser conscientes de que, en efecto, se trata de un privilegio, tal vez el único, y bien escaso, de rondar la poesía. A veces estos encuentros nos salvan la vida, como anoche. The poet, Raúl Hernández (Santiago, 1980) resultó ser extraordinario, y su obra, un regalito. No la conocíamos. Azoramiento fortuito (pero la poesía no tiene nada de fortuito y sí de milagroso), poesía trabajada, exacta, de nuevo necesaria y en movimiento, como los bailarines de un ballet libre y conciso. Poeta (palabra no más) que vive para la poesía (that´s a poet) y que entrega su mirada de reborde al mundo. Cada encuentro se compone de mirada y de ausencia, de modo que el encuentro no existe, pero sí su música. Es así como se produce el poema-milagro, que es frío, y es lluvia, y es brecha. Anoche por la mañana no existe. Claro está que preferiríamos que la poesía fuera mayoritaria y que vendiera y hasta poder vivir de (con) ella. Pero lo importante es que nos de-vuelve al lugar del que nunca debimos salir: un lugar sin esperanza, breve, muy breve, sin techo ni resguardo.



*Estética de la lluvia (La Calabaza del Diablo, 2012)

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10.10.12

Animales (II)


Caballo

Lamento que casi todo derive en historietas de la infancia. ¿Qué se le va a hacer? Juro que esta será la última, al menos en cuanto a animalillos se refiere. When I was little estaba obsesionada con los caballos. Estaba obsesionada con dos cosas, con los caballos y con Argentina. Las palabras PAMPA y BUENOS AIRES retenían en su cuerpo lo que a mí me parecía como la esencia de un deseo: el de viajar y amar. Tenía el convencimiento de que mi vida amorosa sería trepidante, creía en el lema quien me ame que me siga, definitivamente quería conocer el mundo y, en fin, ser artista. Esas palabras sonaban efectivamente muy bien (y todavía lo hacen). Mi padre contaba su dinero en el salón y hacíamos cuentas sobre cuántos caballos podríamos comprar con él. Tenía un caballo o eso pensaba que monté una vez. Nunca se tiene más hambre que en la infancia. En cuanto a arcoiris (recién descubrí que no se escribe así, pero ya es tarde) era (¿es?) un pegaso que venía a verme en el recreo. Tenía una amiga que durante años creyó esta historia. Nunca después he conseguido ser tan buena storyteller.

Colegio*
*pic by adrián sarmiento

Ballena

La sabiduría de las ballenas es la de mamá océano. Son unos seres increíblemente poéticos, como guiados por la música y la fe. Grandísimos viajeras, una vez al año van al paraíso, la Antártida (la migración más larga de cualquier mamífero). Las crías siguen a sus madres guiadas por el sonido que estas producen al golpear con la aleta sobre el agua. Cuando las ballenas saltan (son acróbatas naturales) mi corazón mismo también se eleva y se asombra y reza a un dios inexistente pero todopoderoso: el dios del hielo. Cuida de las ballenas. Que tengan paz y alimento. Que el planeta siga albergándolas y así nuestros corazones puedan seguir latiendo al ritmo de sus golpeteos en alta, altísima mar. Los machos, mientras tanto, sequirán cantando las canciones más largas y complejas del reino animal. Estas canciones, silbidos y otros sonidos se dividen en versos. ¿La sal de la tierra? Los poetas.

La chica al borde del precipicio


Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo

Franz Kafka a Oskar Pollak, 1904.


También yo opino que sólo merece la pena leer libros extraordinarios, libros que te cambien la vida. A veces basta con que algo te emocione para que te cambie. El cambio puede limitarse a un ligero temblor en las pestañas, algo delicado, sublime, así es el entendimiento. Esto fue lo que me ocurrió con el libro de Berta García Faet, Fresa y herida.

Fresa y herida, el libro de Berta García Faet, es extraordinario, como ella. La voz de esta muchacha es única. Eso no es fácil. Yo no nací para elaborar reseñas y por tanto no me extenderé con nimiedades. La poesía, bendita sea, no está hecha para quedarse dormido, sino para ser leída (para despertar) del tirón a altas horas de la noche, para fascinar y para extrañar. No puede ser contada, tiene que ser mordida. Tiene que ser una caricia suministrada sin guante alguno.

Gracias Berta por casarte conmigo anoche. Nunca lo olvidaré, el frágil límite de tu cuerpo ni las voces de las que como tú reinventan la soledad de la palabra.

Y llegas a tu casa y Camus te dice
"travail inutile et sans espoir"
(eso respecto al mito de Sísifo:
tú cambia la roca gigante por unos labios pequeños,
y ahí está la clave).

Berta García Faet, Poética (fragmento)

García Faet, como Antígona, pregúntenle a Sófocles, es la mujer que renueva los votos de lo femenino. Las leyes naturales, las leyes del amor. Por eso siempre he encontrado más orgánica, menos postural, la poesía escrita por mujeres, a diferencia de la de los colegas varones.

Qué excitante que las poetas que más disfruto leyendo sean todas, ahora mismo, ardillas que viven y ríen. Ana Gorría, Natalia Litvinova, Berta. Larga vida. Gracias por vuestros puñados de arroz. Sinceramente, la novia que os desviste cada noche.

9.10.12

Tortuga Lucecita

Nota llegada hasta mi caparazón y una foto de una mujer que a mi parecer recuerda a otra tortuga: 

Lucecita era una tortuga japonesa, tenía el caparazón tímido como una piedra y reluciente a la vez como el brillo de un beso. Su vientre parecía ser un tatuaje tribal, un dibujo que a esa edad me causaba una curiosidad sin límites. Olía a río y en su lento andar se dibujaban senderos hacia la magia. 

Óscar Pirot
André De Dienes

Animales (I)


Belén Segarra

Sapo

De niña lo que más me asustaba era llegar a pisar un sapo. Había muchos sapos, del tamaño de hojas de castaño, en el pueblo de mi infancia en los 80. Los sapos saltaban de noche, cómicamente, inocentemente, sin duda, pero te daban unos sustos de muerte, aparecían en cualquier sitio. Eran feos -gordos, oscuros, increíblemente remotos, como de otro mundo- y la sola idea de aplastar uno resultaba aterradora. Años después parecieron extinguirse y dejé de verlos. Si bien es cierto que dejé de pasar temporadas en este lugar de montaña, las veces que lo visité más tarde no vi ninguno. Así y con el tiempo los sapos adquirieron para mí un nuevo estatus de animal entrañable y mítico. La repugnancia que me causaban dio paso a la nostalgia. No volverán los oscuros sapos a plagar la noche. Han muerto todos. En el río, la nube o la cuneta, rememoro la terrible bondad del sapo. Su ausencia es también la ausencia de la niña triste. A mi manera también me he muerto, en un día de bochorno, un día oscuro, hace mucho.

Tortuga

Lucecita era el nombre de la tortuga que de niño tuvo el poeta Óscar Pirot (a su manera, un Roberto Bolaño de ahora). La tortuga que no quiso por preferir, como su hermana, un conejo que, no sin paciencia, su padre acabaría por comprarle. Investigando un poco, a partir de mi reciente interés por este legendario animal, descubro la importancia de la tortuga en infinidad de culturas. A saber, es el último de los animales celestiales que hoy en día permanece vivo, según los chinos, que lo asocian al norte, el elemento agua, el invierno y el negro. Ha inspirado muchos mitos. El dios griego Hermes se sirvió de ella para inventar la lira. Las tortugas existen desde hace más de 250 millones de años y quizá el símbolo que acarreen con mayor fuerza sea el del mundo mismo, y la longevidad y estabilidad de este. Personalmente me parecen unos seres calientes. Creo que han de ser muy intensas bajo el caparazón. Con su apego a la tierra, su infinita perseverancia y sabiduría, me inspiran amor, mágicamente. Confío en que, en la paz del cielo de las tortugas, a nuestra Lucecita de mirada llorosa le agrade este blog bautizado Tortuga Lucecita en su honor.

Gato

¿Qué decir del gato, ese animal ciertamente divino (él no olvida su pasado) que nos fascina, nos enseña y nos divierte? Amor es lo que tenemos mi gato y yo: ¡no nos pedimos nada, y ni él quiere cambiarme, ni yo a él! Eso es el amor: estar contento con la existencia del otro, simplemente. No esperar nada de él. (Alejandro Jodorowsky). Del gato posiblemente se haya dicho ya todo. Se han escrito los mejores cuentos. Y con todo no ha dejado ni dejará nunca de provocar alucine. Mi gata en particular, Amélie, es descendiente directa de gato montés (padre desconocido) y madre maravillosa (madre conocida). Nació un 13 de junio de 2005 en Salceda, Cantabria, y a los cinco meses ya saltaba por la ventana del patio de mi piso de la calle Fuencarral de Madrid (quinto piso). Sobrevivió. Desde entonces, la patita mala la deja siempre colgando cuando se sienta al borde de la mesa. Mirarla me hace feliz. Leer un buen libro en su compañía, ya no digamos. Y a ella, ¿qué le hace feliz? Una cama bien hecha. La música, los pájaros, la lluvia. Y ser fiel a ella misma. La independencia, rara cualidad que los gatos poseen con elegancia, destreza y refinamiento.

Perro

Hablar de perros es hablar de la raya blanca en el pecho de China. China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, China. China, China, China, China, hablar de China.

5.10.12

Dedicatorias


No tengo una gran imaginación. Tampoco mucha memoria. 

Escribo de lo poco que me acuerdo. Si alguna vez algo que escribí 

fue mío, no sigue siéndolo una vez escrito. Que lo que escribo se 

reescriba en el pecho del que lee. Por eso no me gustan las 

dedicatorias (pero si me lo piden las escribo -honrada de que 

alguien esté a punto de atravesar el umbral -formulado por mí- 

entre lo que se ve y lo que no se ve) porque idealmente un libro 

tendría siempre que ser anónimo. Anónimo en la manera en que fue 

concebido y anónimo también en la forma de ser recibido. Los 

libros tendrían que ser anónimos como los árboles. NO, esto no es 

una apología de los anónimos (en la red o en la prensa). Pero sí de 

un cierto silencio. De una cierta ausencia.


Sin documentos
dos viajeros
tú y yo
por las páginas 
de un libro sin fronteras

4.10.12

3.10.12

Fireflies or my purest truth


1.

Tristeza: ranas sin princesas, barcos y en los pies un cansancio de ahora mismo.

2.

Tristeza: gigante de invierno que se cuela en tu verano.

3.

Bella como una manzana.

4.

La pereza es vivir entre paraguas en primavera.

2.10.12

Enraptured

A varios metros del suelo, escuchando el ruido que hacen los taxis de color amarillo. Agradecida 
al viento, al sol, a la lluvia y a las mareas.



André De Dienes