21.9.12

Vermeer

Y lo vacío vuelve su rostro hacia nosotros
y susurra
"Yo no estoy vacío, sino abierto".
Tranströmer

Vermeer: La lección de música

Regreso del país de las flores amarillas. Me reclino sobre la ventana a ver pasar el sol. Hace frío, es el otoño. Llevo todo el día pensando en Vermeer, en la desolación gris y en la alegría celeste, esa alegría que da frío. Aún no aprendí a cocinar. Se me acumulan los libros que no he leído. No tengo más que mis días para existir aquí.   

* * *

Cuando vuelo, siempre pienso en muchas cosas. Como si despegarme del suelo me despejase las ideas. Y me acuerdo de la gente maravillosa que me enseñó cosas con su puro ejemplo. Anatole y Andreana y Cécile suelen aparecer en mi mente. Anatole me enseñó a no anticipar el instante que sigue a un instante. Andreana, que cada pensamiento es acción en el mundo. Cécile me mostró la bondad en el desapego. Los tres me enseñaron yoga, danza y filosofía. Pienso en ellos al volar, seres felices, valiosos, cristalinos.

* * *

Poco se sabe sobre la vida de Vermeer. Parece haber vivido exclusivamente dedicado a su arte, viviendo su vida en la ciudad de Delft. Gran parte de las representaciones de mujeres en sus cuadros están relacionadas con una narrativa que incluye instrumentos musicales.

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Me gusta viajar y sorber café preparado con amor. Si me tocase la lotería viajaría, sorbería café. Estaría siempre de viaje sorbiendo café preparado con amor.

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Los instrumentos musicales siguen en el piso. No conseguí tocar el piano ni la guitarra y tampoco aprendí a cantar. No sé freír huevos ni preparar tortillas. La muerte es amarilla. Hablé sin parar sobre la ausencia. Finalmente en eso consistía hablar.

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Estoy donde debo y me debo a mí misma en un lugar abierto. Respiro. Puedo. Siempre al borde de la extinción, como un gran oso. Todo es perfecto. Ejerzo la fascinación de lo pequeño y beso el mundo con mis pies de extraterrestre perfumada.

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El universo es música. Seguiré en París aunque ya no siga allí.


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Una carta nunca escrita. La chica junto a la ventana lee una carta nunca escrita. 

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Vermeer, música. Lo abierto no tiene manos, siente con los dedos de los mil millones de pies.

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Como siempre he terminado hablando de la infancia, es decir, de la muerte. Sé que la poesía no tiene la culpa de mi enfermedad. Mi enfermedad, la infancia, con los labios morados por la muerte. La poesía ya no está en los libros. La poesía y la poeta necesitan vivir.

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La vida cada vez es más sencilla. En los cuadros de Vermeer, luz. En la vida, luz. Johnny Ace me habla desde la ciudad junto a la bahía.

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Me gustaría cumplir al menos un sueño para entregárselo a Johnny Ace. A los mil músicos de blues a los que debo tanto.

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Alguna vez, la belleza.





Andreana, Cécile, Anatole: dear angels.



Vermeer: Girl reading a Letter at an Open Window




Johnny Ace at The Saloon, Sept 9, 2010
Photo: Sean Roberts



1 comentario:

Emily dijo...

"Como siempre he terminado hablando de la infancia, es decir, de la muerte."

En efecto, la poesía ya no está en los libros: necesita vivir.