3.7.12

Sala Mirador

Las tablas, son negras; los radiadores, son negros; las paredes, son negras; los hierros, son negros; las cortinas, son negras; los focos, son negros; las gradas, son negras; la puerta, es roja, pero la escalera, es negra. Es todo cuanto hay. La poca luz blanca que queda en las tablas, los radiadores, las paredes, los hierros, las cortinas, los focos, las gradas, la puerta y la escalera; la luz blanca que quede entre las, los, las, los, las, los, las, la, la; la luz blanca entre mis ojos y el espacio, el tiempo, la luz blanca que le queda al tiempo que me quede. Lo veo claro desde el poco brillo de la madera, aquí abajo, casi dormida, que es la luz blanca todo cuanto hay, la poca esperanza que pueda tener este teatro vacío, ese espectador invisible, un actor que haga crujir el piso, un viento indescriptible, una conversación entre los objetos, un chillido, una metáfora, algo: un hogar para un negro con los ojos abiertos. 

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