7.6.12

El padre

A partir de un magnífico y recién aparecido verso de Natalia Litvinova: soy polvo, piedra, y no sé quién es mi padre, recuerdo la conversación con un amigo de París, Mississippi, que conocí en Madrid pero del que supe primero en París, Île-de-France (él había estado en mi casa de París, en las fiestas de mi entonces compañero de piso, a las que yo no solía ir, pero no nos conocimos personalmente hasta que ambos nos trasladamos  a Madrid).

Este amigo es un excelente escritor y persona de una gran sensibilidad y una vez me dijo que creía ser hijo de William Faulkner, refiriéndose a él, claro, como su padre literario, pero también a algo más, dadas las nulas relaciones con su padre biológico. Yo, que tengo un padre, le dije en aquel momento que no sabía quién era mi padre, refiriéndome, claro, a mi padre espiritual, pero también a algo más (podemos elegir el lugar de donde venimos, somos, vamos no matter what) a lo que él, para mi propio placer, y consuelo, respondió: Brando.

" I think of Lincoln as my father. " MM

Hay algo para mí más real que el hogar y la familia: la familia y el hogar imaginarios. Brando, que se compró una isla y estableció la vida de sus sueños en el Pacífico (lo cuenta en su espléndida y conmovedora autobiografía Canciones que mi madre me enseñó) y yo, por momentos, que he estado viviendo en las nubes, sobre todo cuando vivía en la repisa de una ventana de la calle 72, el día que el avión de American Airlines se posó sobre el Hudson (la nieve se derretía en la acera ese día) o en mis viajes a través de Chinatown, de North Beach a Downtown, camino del desayuno, sabemos eso.

De padre a hija, el mensaje es claro: la vida es para soñar y vivir y el padre se imagina, como todo lo demás. Y además, tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida (Gibran).

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